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mujer en el islam

La Mujer en el Islam

 

La enseñanza islámica sobre el trato a la mujer es una de las que mayores malentendidos suscita. La mujer occidental, por lo general, considera que la mujer musulmana vive reprimida y privada de derechos. Los medios de comunicación representan a la mujer musulmana totalmente cubierta y dominada por su marido, con un estatus no superior al del esclavo cuando sorprende comprobar el hecho de que durante 1400 años la mujer musulmana ha disfrutado de derechos, que la mujer occidental aún no ha conseguido.

El Islam nos ofrece una guía para una sociedad pacífica e ideal. Para que dicha sociedad exista debe existir un sistema social que defienda los derechos y responsabilidades de cada individuo. Tal sistema generaría un equilibrio entre el papel y el estatus del hombre y de la mujer, situando a la mujer a un nivel similar al del hombre. En realidad, esta sociedad fue creada hace 1400 años por el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él), bajo las direcciones divinas del Santo Corán.

Este escrito define los derechos que disfruta la mujer musulmana, junto con otros temas relacionados con la mujer y su lugar en la sociedad.

 

 
Temas

Trato hacia la mujer en el Islam
El Estado Espiritual de la Mujer Musulmana
El Estado Intelecual de la Mujer Musulmana
Posición Económica de la Mujer Musulmana
El Estatus Social de la Mujer Musulmana
Hiyab (el Velo)
Papel de la Mujer Musulmana en la Actualidad
Sistema de Matrimonio Islámico
Planificación familiar y control de la Natalidad
Poligamia
Divorcio
Práctica del Hiyab en la Vida Diaria
El Velo Islámico (hiyab)
velo islamico hiyab
Testimonio de una mujer convertida al Islam
mujer conversa
Islam y la poligamia
respuesta del islam a cuestiones actuales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRATO HACIA LA MUJER EN EL ISLAM

 

            Antes de exponer la posición de la mujer en el Islam, es importante entender en qué condiciones se encontraba la mujer antes de la aparición del Islam. En la Arabia pre-islámica, así como en el resto del mundo, su condición era similar a la de los esclavos o subordinados sin derecho alguno. La mujer no poseía ningún derecho sobre la propiedad o la herencia. En asuntos domésticos carecía de derechos sobre sus hijos e incluso sobre sí mismas. De hecho, podía ser puesta a la venta o abandonada por su marido arbitrariamente. No tenía opción al divorcio aún siendo víctima de abuso por parte de su marido. Las mujeres carecían de estatus en la sociedad y no eran respetadas como esposas, madres o hijas. De hecho, a las hijas se las consideraba inútiles y a menudo se les asesinaba al nacer. La educación que recibían era escasa o nula y no disfrutaban de voz ni voto en asuntos religiosos, al considerarse su capacidad limitada en el ámbito intelectual y espiritual.

Esta situación degradante aún existía en el siglo XIX en la mayor parte del mundo, incluyendo los E.E.U.U., donde la mujer comenzó a disfrutar de sus derechos básicos a comienzos del siglo XX.

 

Sin embargo, en la Arabia del siglo VI, la situación de la mujer cambió drásticamente con la aparición del Islam. Prácticamente de la noche a la mañana, se confirió a la  mujer derechos similares a los del hombre, situándola al mismo nivel. En el Santo Corán, Dios dice claramente que ha creado iguales a los hombres y a las mujeres:           

“Él os creó de un solo ser; a partir de él creó a su compañera...” (39:7)

            Este versículo por sí solo elimina cualquier trazo de inferioridad que fue impuesto a las mujeres por los hombres y por otras Escrituras. El Santo Corán, además, asegura la igualdad de la mujer a nivel espiritual, intelectual, social y económico. Los derechos de la mujer también han sido salvaguardados por el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) al tratar él mismo a las mujeres con gran honor, amabilidad y dignidad según los mandamientos de Dios.

 
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EL ESTADO ESPIRITUAL DE LA MUJER MUSULMANA

 

            La transformación más importante que el Islam produjo en las mujeres fue la elevación de su estado espiritual. Dios afirma claramente en el Santo Corán que la mujer posee un alma y posee la misma capacidad espiritual que el hombre, pudiendo obtener una recompensa espiritual equivalente a la del hombre a través de su propio esfuerzo. El Santo Corán dice:

             “Pero quien hace buenas obras, sea hombre o mujer, y es creyente, entrará en el Cielo...” (4:125)

            El Santo Corán es la única entre todas las Escrituras que hace hincapié en esta igualdad dirigiéndose tanto al hombre como a la mujer en muchos versículos. No deja lugar a dudas respecto al nivel espiritual de la mujer. Dice:

 

            “En verdad, los hombres que se someten a Dios y las mujeres que se someten a Él, y los hombres y mujeres que creen, los hombres y mujeres obedientes, los hombres y mujeres veraces, los hombres y mujeres perseverantes en su fe, los hombres y mujeres humildes, los hombres y mujeres que dan limosnas, que ayunan, guardan su castidad, los hombres que recuerdan mucho a Al-lah y las mujeres que Lo recuerdan mucho: para todos ellos Al-lah ha preparado Su perdón y una magnífica recompensa”. (33:36)

 
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EL ESTADO INTELECTUAL DE LA MUJER MUSULMANA

 

            Un plano en el que la mujer musulmana supera a otras mujeres es el campo de la educación. El Islam hace hincapié en que la educación es igualmente importante para hombres como para mujeres, y el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) declaró que la educación es obligatoria para ambos. Dijo:

            “La adquisición de conocimiento es una obligación para todos los hombres y mujeres musulmanes”.

            También exhortó a ambos a “buscar conocimiento aunque hubiera que viajar a China” y “buscar conocimiento de la cuna a la tumba”.

            El Santo Corán dice:

             “Él concede la sabiduría a quien le place. Y a quien se le da la sabiduría se le concede un bien excelente; y nadie se acuerda excepto los dotados de conocimiento”. (2:270)

En otras palabras, sólo quienes meditan pueden entender las señales deDios y acercarse a Él. El Santo Corán también, nos enseña una breve oración que dice:

 

            “Oh, señor mío, aumenta en mí el conocimiento”. (20:115)

            En cumplimiento de estos mandamientos, las mujeres musulmanas, especialmente las áhmadis musulmanas, están dotadas de buena educación. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) alentó a sus esposas a buscar conocimiento afirmando en una ocasión que “la mitad de la religión islámica se puede aprender de Hazrat Aysha (su esposa)”. De hecho, tras su fallecimiento, toda la Comunidad musulmana buscó conocimiento a través de sus esposas. En la actualidad, las mujeres musulmanas se dedican a diversas profesiones como la medicina, enfermería y enseñanza.

            Es interesante recalcar que en la misma época en que el Islam produjo tal ilustración en la mujer, en Europa, cualquier mujer que manifestara cualquier tipo de conocimiento, corría el riesgo de ser quemada en la hoguera por brujería. Además, hasta el siglo presente, en la mayoría de las universidades, incluyendo los E.E.U.U., no se admitía a las mujeres en niveles superiores.

 
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POSICIÓN ECONÓMICA DE LA MUJER MUSULMANA

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         El Islam otorgó a la mujer una libertad económica que nunca había disfrutado anteriormente. El Islam clarifica que tiene derecho a poseer su propia riqueza o propiedades, bien sea de herencia o ganancial, y que su derecho sobre ella es pleno. El Santo Corán dice:

         “Los hombres tendrán una parte de lo que han ganado y las mujeres parte de lo que también han ganado. Pedid a Al-lah de Su magnanimidad. En verdad, Al-lah conoce perfectamente todas las cosas”. (4:33)

         Este versículo establece la igualdad de hombres y mujeres en lo que respecta a su trabajo. La mujer tiene derecho a administrar su propia riqueza. A la mujer casada ni siquiera se le permite gastar de su propia riqueza, pues es obligación de su marido proveerla.

            El Santo Corán también dice:

             “...Los hombres son protectores de las mujeres porque Al-lah ha hecho que algunos de ellos sobresalgan sobre otros y porque ellos (los hombres) gastan de sus bienes.” (4:35)

         Esto significa que el marido es responsable de las necesidades de su esposa y de su protección, y a él corresponde proveer el dinero para el mantenimiento de su esposa y su hogar.

         Además, el Islam protege la situación económica de la mujer exigiendo al marido la concesión de la dote en el momento de contraer matrimonio.

 

Ésta forma parte de su riqueza exclusiva y su marido no tiene derecho sobre ella, a menos que ella desee compartirlo con él. El Santo Corán dice:
            “Y entregad de buen grado su dote a las mujeres. Pero si ellas, por su propia voluntad, os devuelven una parte de ella, disfrutadla como algo agradable y edificante”. (4:5)

             Es interesante recalcar que esta prescripción va dirigida no sólo al marido sino a los familiares de la mujer, que tampoco tienen derecho alguno sobre ella. Hoy en día, es práctica común en algunos países musulmanes que el novio exija a su novia aportar una dote en oro y en artículos del hogar para el matrimonio. Esto es totalmente no islámico.

Por último, el Islam concede a la mujer el derecho a la herencia. Tiene derecho a heredar del fallecido en su papel de madre, esposa, hija o hermana. El Santo Corán expone claramente:

           “A los hombres les corresponde una parte de lo que dejan sus padres y parientes cercanos; a las mujeres les corresponde también una parte de lo que dejan sus padres y parientes cercanos, sea poco o mucho, una parte determinada”. (4:8)

           El Santo Corán contiene una exposición detallada y específica del reparto de la propiedad (4:12-13).

 
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EL ESTATUS SOCIAL DE LA MUJER MUSULMANA

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            El estatus social de la mujer cambió drásticamente  con la aparición del Islam. La vida de las mujeres se transformó radicalmente. El Santo Corán y el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) orientaron claramente a la sociedad respecto al trato de la mujer en su papel de esposa, hija y madre.

1.      Hija

   La práctica pre-islámica de matar a las recién nacidas por miedo a la humillación o a la pobreza, fue abolida totalmente por el Islam. Dios dice en el Santo Corán:

   “...No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. – Nosotros somos quienes proveemos para vosotros y para ellos – que no os acerquéis a las malas acciones, ni manifiestas ni ocultas...” (6:152)

    “...Él crea lo que le place. Concede hijas a quien quiere y concede hijos a quien le agrada.” (42:50)

   Tras la prohibición de matar a los niños, el Islam enseña al padre a criar a sus hijas de la misma manera que a sus hijos. De hecho, la educación esmerada de una hija le abre la puerta al paraíso. El Santo Profeta (la paz y  bendiciones de Dios sean con él) dijo:

   “Quien cría a dos niñas en su infancia aparecerá en su infancia tan unido a mí como los dedos de una mano”. (Muslim)

   Es pues, evidente que el Islam convirtió a las hijas que antes eran despreciadas y rechazadas, en seres queridos y amados.

2.         Esposa:

   El Islam transformó el papel de la esposa, que pasó de ser prácticamente una esclava a  una persona equiparable al marido en todos los niveles. El Santo Corán expone claramente que la mujer posee derechos similares a los del hombre. Dice:

   “Y uno de Sus Signos es éste: Que Él ha creado esposas para vosotros de entre vosotros mismos para que encontréis la paz del espíritu en ellas, y ha puesto amor y ternura entre vosotros. En eso hay, ciertamente, Signos para los hombres que reflexionan”. (30:22)

 

   El matrimonio es una unión armoniosa de dos almas y su objetivo es el bienestar de ambos cónyuges. El Santo Corán expone con belleza la igualdad de estas relaciones en este versículo:

   “...Ellas son una vestidura para vosotros y vosotros una vestidura para ellas”. (2:188)

   Esto demuestra que el Islam considera iguales al marido y a la mujer en cuestión de apoyo, bienestar y protección mutua, y han de compenetrarse mutuamente de igual forma como la vestidura se ajusta al cuerpo. El Islam enseña además que la mujer ha de ser tratada con amabilidad y generosidad, y disfruta de los mismos derechos tanto en el matrimonio como en el divorcio. Antes de la aparición del Islam, una mujer no podía iniciar el proceso del divorcio, aún siendo víctima de malos tratos. El Islam permite el divorcio cuando es absolutamente necesario. (El sistema de matrimonio islámico, se expone con más detalle en otro apartado).

3.         Madre

   La mujer musulmana alcanza su máximo estatus social en el papel de madre, pues el Islam reverencia a las madres en mayor medida que a otras personas. El Santo Corán exhorta repetidas veces a los musulmanes a cuidar de sus padres, especialmente a la madre. Dios dice:

   “Hemos recomendado al hombre sobre sus padres – su madre lo lleva con pena tras pena, y tarda dos años en destetarlo -...” (31:15)

   El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) hizo hincapié en el amor y respeto que la madre merece, con estas palabras:

   “El paraíso está debajo de los pies de la madre”.

   En otro hadiz, dijo, al preguntársele con quién debería ser amable un hombre: “con tu madre”. Al preguntársele a quién debería mostrar bondad un hombre en segundo lugar, volvió a responder: “a tu madre”. La tercera vez, su respuesta también fue: “con tu madre”. Sólo a la cuarta vez respondió: “con tu padre”. De esta forma, enfatizó tres veces lo importante que es para un musulmán el cuidado de su madre, a quien debe otorgarle la consideración y respeto adecuados a sus necesidades y deseos.

 
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HIYAB (EL VELO)

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            La enseñanza del Islam respecto al hiyab (el velo) es probablemente la más confusa y la más difícil de aceptar para la sociedad occidental. Esto es debido a la errónea y amplia noción de que la enseñanza del hiyab es una severa restricción impuesta a la mujer musulmana, siendo la realidad totalmente distinta. El hiyab es un instrumento de protección a la mujer,  que le libera de muchos males sociales. La palabra “pardah” también se usa para describir el concepto y la práctica del hiyab.

El Islam no sólo establece normas para los individuos, sino también para el bienestar de toda la sociedad  en general. En este caso, la institución del hiyab/pardah protege la condición moral de la sociedad. A la mujer musulmana no sólo le recaen responsabilidades como madre e hija, sino que comparte con el hombre la responsabilidad de elevar el estándar moral de la sociedad. El Santo Corán menciona el hiyab como uno de los métodos para que el hombre y la mujer alcancen esta meta. Dice:

“Di a los hombres creyentes que recaten su mirada y guarden sus partes privadas. Esto es más puro para ellos. En verdad, Al-lah sabe perfectamente lo que hacéis”. (24:31)

“Y di a las mujeres creyentes que recaten su mirada y conserven sus partes privadas, y no revelen sus adornos, excepto lo que sea visible de ellos, y coloquen sus velos sobre sus pechos...” (24:32)

El versículo continúa enumerando a familiares cercanos con quienes no es preciso la observancia del hiyab/pardah.

            Estos versículos indican que tanto los hombres como las mujeres deben adoptar la modestia y decencia en todo momento, especialmente en presencia del sexo opuesto. Esta enseñanza se basa en el hecho de que el Islam reconoce que “prevenir es mejor que curar”. Por lo tanto, se prescribe la segregación de sexos con el fin de evitar situaciones que al final no puedan llegar a ser controladas. De esta forma, se puede prevenir el deterioro de los valores morales y se salvaguarda a la sociedad de problemas como el  adulterio, embarazos de adolescentes y enfermedades de transmisión sexual.

El Santo Corán requiere a las mujeres musulmanas que vistan con modestia, se cubran la cabeza y lleven una prenda exterior que oculte su belleza ante los ajenos.

 

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que esta protección física constituye sólo un primer paso hacia el cumplimiento del hiyab. El verdadero y pleno cumplimiento del hiyab/pardah, se alcanza cuando “el velo” abarca el corazón y la mente del hombre y la mujer. Esto significa que los hombres y mujeres deben tapar y proteger su mente y corazón de pensamientos impuros e inmorales en presencia del sexo opuesto. Nuestros pensamientos, palabras y actos deben reflejar un amor y respeto fraternales hacia el prójimo. Esta actitud contribuye a elevar la moralidad en la sociedad creando una atmósfera de respeto y entendimiento entre el hombre y la mujer, libre de degradación y resentimiento.

Otro versículo del Santo Corán, indica:

“¡Oh, Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes, que deben llevar, sobre ellas, con holgura, parte de sus vestimentas externas. Esto es más conveniente para que sean así reconocidas y no molestadas. Pues Al-lah es el Sumo Indulgente, Misericordioso”. (33:60)

Es poco probable que la mujer que cumple las normas del hiyab respecto a su vestimenta y actitud sea tratada irrespetuosamente por el hombre. De esta forma, el hiyab o pardah libera a la mujer de algunos de los problemas que afectan a la mujer de la sociedad occidental. En el Islam, la mujer no es considerada un “objeto sexual”, ni es víctima de una degradante explotación ni acoso. Como ya sabemos, algunos grupos feministas están intentando abordar el tema hoy en día, pero con escaso éxito.

No queda, pues, lugar a dudas de que el Islam ha otorgado a la mujer dignidad y honor a través del hiyab/pardah, un instrumento de protección que le otorga mayor libertad en sus actividades y le depara tranquilidad. Se ha observado que la mujer musulmana que sigue la práctica del hiyab/pardah, lleva una vida más relajada y tranquila. Esto es debido a que el Islam, no considera la apariencia física como un signo de dignidad. La mujer musulmana puede hacer gala de otras facultades, sin tener que depender en la belleza física para conseguir lo que desea. Cuando la mujer observa el hiyab/pardah correctamente, cumple su responsabilidad hacia la sociedad obteniendo a la vez satisfacción por haber logrado la cercanía a Dios.  

 
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EL PAPEL DE LA MUJER MUSULMANA EN LA ACTUALIDAD

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            Este apartado expone el estatus de la mujer musulmana en la sociedad y los derechos que el Islam le otorga. Cabe señalar que ninguna otra enseñanza alude tan específicamente a las necesidades de las mujeres. Las mujeres musulmanas disfrutan de los mismos derechos que el hombre y en cierta forma tienen privilegios que los hombres no poseen.

            En resumen, el deber primordial de la mujer musulmana es su obligación hacia Dios en primer lugar y después hacia el prójimo. El Islam le recuerda que el marido y los hijos son su principal responsabilidad. Sin embargo, su función no se limita solamente a esta tarea ya que posee el derecho a salir del hogar y trabajar, sin asumir la responsabilidad económica de su hogar. Se le alienta a aumentar su educación para su propio bien y el de su descendencia. La institución del pardah crea a su alrededor un entorno de respeto y dignidad sin impedirle en absoluto realizar una carrera profesional, negocio o cualquier otro tipo de actividad productiva.

            Hoy en día, prevalecen algunos malentendidos respecto al papel de la mujer en la sociedad, debido a que, desafortunadamente, algunos países musulmanes no practican las enseñanzas del Santo Corán. En estas sociedades, existe una gran negligencia en el campo de la educación y desarrollo de las mujeres musulmanas.

 

Esto se debe a razones políticas o al hecho de que algunas de estas sociedades viven en una absoluta pobreza, que priva a las mujeres de su derecho a la educación. Al carecer de cultura, ignoran el estatus que el Islam les otorga y están sometidas a una condición semejante a la que precedió al Islam.

            Sin embargo, en el contexto del Movimiento Ahmadía del Islam, la mujer es perfectamente consciente de los derechos que el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) les ha otorgado. No sólo ellas, sino los hombres de la Comunidad también son conscientes de los derechos de sus mujeres. Hazrat Mirza Tahir Ahmad, el Jefe actual de la Comunidad recuerda continuamente a sus seguidores sus derechos y obligaciones. La mayoría de las mujeres musulmanas poseen una buena formación y permanecen activas en muchas esferas de la vida, a la vez que mantienen su dignidad como musulmanas. Un aspecto atrayente de la enseñanza islámica es que al definir el papel de la mujer en la sociedad y conceder dignidad a este papel, la mujer se siente realizada como persona. Es una gran bendición de Dios Todopoderoso.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN

Holy Qur ’an con comentario. Traducción y Ed. Malik Ghulam Farid. Reino Unido, 1994.
Holy Qur’an con comentario. 5 volúmenes. Traducción & Ed. Malik Ghulam, Farid. Reino Unido. 1988.
Gardens of the Righteous. Hadiz (dichos del Santo Profeta). Traducción Mohammad Zafrullah Khan. Reino Unido. 1980.
Ahmad, Mirza Bashiruddin Mahmud. Muhammad, the Liberator of Women. Pakistán.
Khan, Muhammad Zafrullah. Women in Islam. Michigan, 1995.

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EL SISTEMA DE MATRIMONIO ISLÁMICO

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            A medida que se avanza en el sistema islámico, se van descubriendo nuevas y atractivas facetas de esta religión, que nos provee de una guía completa para todos los aspectos de la vida cotidiana. Las instrucciones respecto al matrimonio son particularmente extensas tanto en el Santo Corán como en el Hadiz (relatos del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él). El matrimonio estructura la unidad básica de la sociedad humana y establece las bases de la familia. A las familias que disfrutan de buena salud se les requiere la preservación de la raza humana. Por lo tanto, Dios ordena a los creyentes el matrimonio para su beneficio moral, espiritual, social y psicológico.

            El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo:

            “El matrimonio es mi precepto y mi práctica. Los que no siguen mi práctica no son de los míos”.

            “Cuando un hombre se casa, ha completado la mitad de su religión”.

            El segundo Jalifa (sucesor) del Mesías Prometido ha definido el papel del matrimonio como el cumplimiento de nuestras obligaciones hacia el prójimo, las cuales nos ayudan a acercarnos aún más a Dios. Afirmó:

            “Es nuestra obligación comprobar que este deber se respeta y se asume fielmente.

 

Conlleva una gran responsabilidad tanto para el hombre como para la mujer,pero son escasas las personas que se dan cuenta de ello, y cuando lo intentan, lo hacen de modo inadecuado. La ley islámica se distingue por dos conjuntos de reglas. Uno pertenece al mismo Dios y el otro, a los seres humanos. El matrimonio, por lo tanto, pertenece a la segunda categoría y debe considerarse como su máximo defensor. La ley islámica es la que más lo incentiva, pero hay mucha gente que parece no entenderla (la ley), ni intenta beneficiarse de ella totalmente. Su caso es como el de un bebé que desea cambiar un diamante precioso por una simple moneda. Mi deseo es que la gente se percate de la importancia del matrimonio”.

            Como puede comprobarse, el matrimonio es una empresa seria para un musulmán. Sin embargo, experimentará gozo espiritual, emocional e intelectual si sigue la guía de Dios y Su Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) en las relaciones familiares y matrimoniales, desde la elección de la pareja hasta la resolución de los problemas matrimoniales. Descubrirá un sistema organizado en que las estructuras viables, las responsabilidades, los papeles y las metas guían a la persona; en el que el control y la armonía proporcionan una seguridad para ambas partes de la familia. El Islam nos presenta lo ideal, y su consecución depende de las acciones de cada miembro de la familia.

 

EL OBJETIVO DEL MATRIMONIO EN EL ISLAM

 

            Según se deduce de lo expuesto, el matrimonio no es un capricho ni algo liviano para los musulmanes. Dios ha prescrito el matrimonio para los creyentes por tres razones básicas. Éstas son:

 Permitir que el hombre y la mujer vivan juntos y experimenten amor y felicidad
dentro de la ley islámica.

 Tener descendencia y proveerla de un entorno equilibrado y virtuoso para su educación.

Proporcionar una unión legal que salvaguarde a la sociedad de la depravación
moral y social.

 Los dos primeros puntos son explícitos; ambos tienen en cuenta las necesidades naturales de los seres humanos. El tercer punto, se aparta de la cuestión individual y se centra en el matrimonio como el instrumento más importante para crear una sociedad ideal. ¿Cómo se puede alcanzar esto en el matrimonio?

 

            En primer lugar, uno de los valores más importantes del Islam es la castidad, es decir, la pureza de ambos sexos en la sociedad. El Islam considera al matrimonio un medio por el que los instintos y necesidades del hombre (tanto físicos como emocionales) son controlados y satisfechos al mismo tiempo. El Islam no permite la satisfacción incontrolada y desinhibida de los deseos físicos. El adulterio y la fornicación son pecados graves. Un musulmán no puede dirigirse simplemente a cualquier mujer y satisfacer sus deseos físicos; ha de hacerlo a través del contrato legal del matrimonio, que conlleva responsabilidades adicionales, obligaciones y deberes respecto a la familia para el resto de su vida.

            El resultado de esta restricción es la creación de una sociedad con una moralidad protegida. De hecho, el Santo Corán menciona el contrato del matrimonio (nikah) con la palabra ihsan, que significa fortaleza. El hombre que contrae matrimonio es muhsin, es decir, el que construye una fortaleza y la mujer que contrae matrimonio es muhsinah, es decir, quien se dirige hacia la protección de esta fortaleza, con el fin de protegerse a sí misma y su moralidad.

 

CONDUCTA PREMATRIMONIAL

 

            Hasta aquí ha quedado claro que el Islam no permite las relaciones sexuales, ni siquiera los actos preliminares del amor físico fuera del matrimonio. Permanecer sexualmente inactivo y casto antes del matrimonio constituye un mandamiento muy importante del Santo Corán. El adulterio, la fornicación y las relaciones íntimas secretas con el sexo opuesto constituyen un fallo moral grave condenado enérgicamente con los términos más severos por el Islam. Esta prohibición incluye citas amorosas, amores secretos y una convivencia íntima experimental. Al ser considerados pecados graves, acarrean severas penalizaciones. (Véase el Santo Corán, 24:3-4)

 

            Como ya se ha expuesto en el apartado segundo, el Santo Corán nos ofrece los medios para preservar la castidad. Ordena a los hombres y mujeres creyentes que se abstengan de contemplarse mutuamente, de tal forma que lleguen a la atracción sexual. También, les ordena abstenerse de escuchar flirteos y diálogos tentadores, así como evitar ocasiones que puedan conducir a las tentaciones. El ayuno, la dieta y el ejercicio también ayudan a controlar las pasiones y a preservar la castidad.

 

LA SELECCIÓN DE LA PAREJA Y LOS MATRIMONIOS CONCERTADOS

 

            Uno de los factores claves en la creación del matrimonio, es sin duda, la elección de la persona adecuada con quien compartir el resto de la propia vida. El Islam también ofrece orientación a este respecto. El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo:

            “Algunas personas se casan por la belleza, otras por rango y otras por la riqueza, pero tú debes casarte con una mujer buena y piadosa”.

            La piedad o la bondad moral es la cualidad más importante que se ha de buscar en la pareja potencial. Si ambos esposos son piadosos, alcanzarán todos los aspectos del matrimonio por temor a Dios, logrando la prosperidad. Otros factores a tener en cuenta en la selección de la pareja son: la posición de la familia, la edad, la educación y el interés. La oración es también un instrumento esencial para la elección de una pareja futura. A los musulmanes se les enseña la oración de Istijara para buscar la ayuda de Dios a la hora de tomar esta importante decisión.

            Teniendo en cuenta estos preceptos, los matrimonios entre musulmanes son generalmente concertados, y cuentan con el consentimiento tanto del hombre como de la mujer. Los padres o tutores conciertan el matrimonio de sus hijos cuando éstos alcanzan una edad y un nivel de madurez adecuados. Para quien ya ha sido educado en la sociedad occidental, esta idea será difícil de aceptar en un principio. Pero este método de selección de pareja ha sido adoptado durante siglos y ha producido matrimonios estables y felices. Una comparación entre las cifras de divorcio entre la sociedad occidental, donde el noviazgo es habitual, y las sociedades islámicas, demuestra claramente que los matrimonios concertados son más duraderos y más seguros.

            La razón de esto es que los padres o tutores conocen mejor que nadie la personalidad de sus hijos e intentan escoger la pareja más compatible. Cuando un hombre y una mujer conciertan una cita, existe el peligro de que las pasiones temporales puedan ofuscar su razón y juicio. Contraen matrimonio a causa de la atracción física solamente y encuentran incompatibilidades mutuas cuando ya es demasiado tarde.

 

La atracción física o “el enamoramiento” pueden desvanecerse rápidamente ante otros problemas y desembocar en la insatisfacción y en una separación eventual. Por el contrario, en un matrimonio concertado, la atracción física juega un papel de menor importancia y las parejas no se casan con la misma expectativa de “amor romántico”, sino considerando el matrimonio una asociación en la que ambos han de hacer sacrificios personales y esforzarse por complacer a su pareja. El incremento gradual del respeto, confianza y afecto crea, por lo general, un lazo entre el marido y la mujer que es más sólido y duradero que el que se apoya en la atracción física solamente.

            Ningún matrimonio puede ser concertado ni acordado sin el consentimiento tanto del hombre como de la mujer. Sin embargo, la mujer necesita un tutor o representante para tal acuerdo. La razón es salvaguardar sus derechos y preservar su modestia. El Islam permite tanto al hombre como a la mujer verse y conversar mutuamente antes del matrimonio, con un testigo presente en estas reuniones.

            Si una mujer acaba de aceptar el Islam y sus padres no son musulmanes, ha de intentar procurarse un tutor para sí misma si desea contraer matrimonio. Esto se puede realizar por elección personal o, aceptando la recomendación de la autoridad de la Comunidad. El tutor, que ha de ser varón, es responsable de la protección de los derechos legales, religiosos, sociales y matrimoniales de la novia. Si se precisa de algún consejo prematrimonial, el tutor actúa como consejero o intermediario.

            El departamento matrimonial del Movimiento Ahmadía posee una base de datos de hombres y mujeres aptos para el matrimonio, que proporciona información sobre las personas áhmadis incluidas dentro de la categoría (edad, etc.) que interesa a determinada persona. Si alguien en cuestión se muestra interesado, ha de inquirir al presidente de su Comunidad local cómo contactar con el secretario del departamento matrimonial para incluir su nombre en la base de datos. Por supuesto, toda la información es estrictamente confidencial.

 

PROHIBICIONES RELATIVAS AL MATRIMONIO

 

            Dios ha impuesto prohibiciones relativas al matrimonio, así como otras prescripciones sobre las relaciones entre el hombre y la mujer.

 Al musulmán no se le permite contraer matrimonio con ciertas personas. Se mencionan en el Santo Corán (véase 4:24), e incluyen a la madre, el padre, la hermana, hermano, tías, tíos, sobrinos y sobrinas. Sin embargo, a los  musulmanes se les permite contraer matrimonio con sus primos. Existen además otras relaciones matrimoniales prohibidas. Por ejemplo, un hombre no puede casarse con su hija adoptiva si ha cohabitado con su madre biológica. Tampoco puede casarse con dos hermanas al mismo tiempo. (Véase Santo Corán, 4:23)

El Islam también clarifica con quién debe casarse un musulmán en lo respectivo a su religión. El matrimonio con idólatras está totalmente prohibido (véase S. Corán, 2:222) para ambos.

 

Sin embargo, al hombre se le permite contraer matrimonio con una mujer “de la gente del Libro” (es decir, quienes siguen una Escritura revelada), aunque no se considera recomendable.

            Aparte de esto, ha de tenerse en cuenta que el Mesías Prometido (la paz sea con él) limitó la categoría de “Gente del Libro” a las mujeres cristianas y judías. También, prohibió a las mujeres áhmadis casarse con hombres no áhmadis. El motivo de ello es evidente: a la mujer no se le permite casarse con alguien que profese otra fe, pues al vivir en el hogar, ambiente y entorno de su marido, ella y sus hijos quedan expuestos a la cultura y entorno no áhmadi y no musulmán. Esto le acarreará grandes dificultades a la hora de permanecer firme en su propia fe y educar a sus hijos como musulmanes. Por el contrario, un hombre puede influenciar más fácilmente a su esposa y atraerla hacia el estilo de vida islámico.

 

LA CEREMONIA MATRIMONIAL ISLÁMICA

 

            Existen ciertas condiciones para que un matrimonio sea legal:

 El hombre y la mujer deben dar su consentimiento voluntario antes de que se éste se realice.

 El matrimonio debe hacerse público, con dos testigos por parte de cada uno, presentes en la ceremonia. El Islam no permite matrimonios secretos.

Los tutores del novio y la novia deben estar presentes en el Nikah (ceremonia matrimonial). El novio tiene la opción de estar o no estar presente.

La dote (mehr) es un regalo obligatorio del marido a la mujer. (Véase Santo Corán, 4:25). Esta suma de dinero debe ser proporcional a los medios del marido. La cantidad de la dote se anuncia en el momento de la ceremonia matrimonial y se puede entregar en un solo pago o en varios. Una vez que se ha entregado, es propiedad de la mujer que puede administrarlo como le plazca. La cantidad debe ser acordada por ambas partes.

La auténtica ceremonia matrimonial (nikah) la dirige una autoridad islámica legal, por ejemplo, el misionero o el Presidente de la Comunidad. El procedimiento de la ceremonia religiosa es en sí misma simple. El contrato es legal después de cumplimentarse los formularios del nikah, y tras anunciarse públicamente la ceremonia en presencia de testigos.

 

La persona que oficia la ceremonia del nikah recita el sermón que fue pronunciado por el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) y pide el consentimiento de ambas partes. Esto va seguido de una oración. (Véase el libro de “La Oración Musulmana”).

Las parejas deben obtener un certificado legal de matrimonio, así como otros requerimientos que exija la ley del país en que residen. En algunos Estados americanos la ley exige que la persona que oficia el nikah esté inscrita en el  Registro Civil. En tal caso, la celebración de los ritos es suficiente para legalizar el matrimonio. De no hallarse inscrita, la pareja deberá celebrar una ceremonia civil previamente a la ceremonia religiosa, que se realiza, por lo general, en el Registro Civil. El guardián o tutor de la novia debe asegurarse de que se cumplen todos estos requisitos, para que los derechos de la novia estén protegidos legal y civilmente.

La tradición (sunnah) del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) requiere que se ofrezca una recepción a la novia (walima) después del matrimonio para celebrar su consumación. Ésta es la parte obligatoria de la ceremonia matrimonial y debe celebrarse de acuerdo con los medios del marido. El presente Jalifa ha reconocido la necesidad de la hospitalidad, pero ha amonestado a los musulmanes sobre la extravagancia en las relaciones matrimoniales.

 

RELACIONES ENTRE MARIDO Y MUJER EN EL MATRIMONIO

 

            De nuevo, el Islam nos ofrece orientación sobre cada aspecto de la vida familiar. El papel del marido y la mujer queda definido claramente, de tal forma que cada uno es consciente de sus obligaciones. El Islam considera el matrimonio como una sociedad entre dos personas, mediante la cual pueden obtener el agrado de Dios a través de la cooperación mutua, confianza, respeto y fidelidad. Si se cumplen las siguientes pautas establecidas por Al-lah, se disfrutará de una convivencia satisfactoria.

 A cada cónyuge se le ha asignado un papel determinado. Dios dice en el Santo Corán:

            “Él dijo: “Nuestro Señor es Quien dio a todo su forma correcta y después lo guió a su función adecuada’”. (20:51)

Por consiguiente, al hombre se le ha asignado el trabajo fuera del hogar como responsable de la familia debido a su superior fuerza física y aptitud  psicológica. Del mismo modo, al estar la mujer más capacitada psicológicamente y emocionalmente para la crianza de sus hijos, se le asigna la responsabilidad de su crianza y el cuidado del hogar.

Para asegurar que la relación de la pareja discurra en armonía, se ha concedido autoridad a uno de ellos. Dios ha encomendado al marido el papel de tutor sobre su esposa. (Véase el Santo Corán, 4:35). Esto no le da derecho a dominar a su esposa o abusar de ella en modo alguno. Quiere decir simplemente que es responsable de su bienestar y que ha de emplear sus ganancias para mantener  a su familia. En su lugar, se espera obediencia por parte de la esposa.

 

El respeto mutuo y la cooperación son esenciales para una buena relación entre el marido y la mujer. Dios dice:

            “Ellas son una vestidura para vosotros y vosotros una vestidura para ellas...”
 (Santo Corán, 2:188)

De igual forma que la vestidura sirve de protección y adorno para tapar los defectos, el hombre y la mujer deben proteger el honor y la moral mutua y, confortarse mutuamente con amor, apoyo y comprensión. No deben hacer  público sus defectos mutuos y deben guardar sus secretos.

El Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) hizo gran hincapié en el bienestar de la mujer. Aconsejaba continuamente a sus seguidores a tratar a  sus esposas con amabilidad. Su propia conducta  hacia sus esposas constituye un ejemplo perfecto. He aquí algunos hadices:

    “El mejor de vosotros en cuestión de fe es aquel cuya conducta sea la mejor; y el mejor entre vosotros es quien mejor trata a su mujer”.

    “Ningún hombre musulmán debe guardar rencor a ninguna mujer musulmana. Si no le satisface determinada cualidad en ella, encontrará otra que le resulte agradable”.

 
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PLANIFICACIÓN FAMILIAR Y CONTROL DE NATALIDAD

 


            El Corán recomienda un intervalo de dos años entre el nacimiento de cada hijo para permitir la recuperación física de la madre. (Véase Santo Corán, 31:15; 2:234). También recomienda la lactancia durante un período de dos años con este propósito. Se prohíbe el aborto como medio de control de natalidad, aunque se permite cuando peligra la vida de la madre.

 

            El control de natalidad está prohibido si se lleva a cabo por temor a una escasez de medios. También ha de tenerse en cuenta que el uso del control de natalidad para evitar la responsabilidad de la crianza del hijo anula uno de los objetivos primordiales del matrimonio. Esta actitud se opone al espíritu de la enseñanza islámica sobre el matrimonio.

 
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POLIGAMIA

 

            Éste es el tema que mayor número de malentendidos origina respecto al Islam. El Islam permite la poligamia, es decir, tener más de una esposa al mismo tiempo, pero no lo alienta. De hecho, el Islam es la única religión que limita esta antigua práctica tan extendida. Las Enseñanzas anteriores permitían una poligamia sin límite ni restricciones. El Islam limita el número de esposas a cuatro y no fomenta su práctica. Dios dice:

            “Pero si teméis no poder mantener la equidad, casaos sólo con una o con lo que posea vuestra diestra”. (Santo Corán, 4:4).

            Si un hombre no puede quedar satisfecho con una sola mujer, es mejor para la sociedad que asuma la responsabilidad moral y financiera de una segunda esposa. Los amores secretos y el adulterio son un grave pecado, siendo la causa del declive moral de la sociedad.

            La poligamia se convierte en una necesidad en ciertas circunstancias, pero sólo puede ser llevada a la práctica en ciertas condiciones y bajo ciertas restricciones.

 

Un hombre puede contraer un nuevo matrimonio si su mujer está crónicamente enferma y se ve incapacitada para cumplir las obligaciones del matrimonio; cuando no puede tener descendencia, o, en ciertas condiciones en tiempos de guerra, cuando el matrimonio con viudas para el sustento de los huérfanos se convierte en una necesidad para proteger la moral de la sociedad. Cabe destacar, por otro lado, que las normas del Movimiento Ahmadía requieren que los ciudadanos áhmadis obedezcan las leyes del país en que residan, siempre que tales leyes no entren en conflicto con un expreso mandamiento divino.

            El Islam prohíbe la poliandria, es decir, que la mujer se case con más de un marido. La mujer que haya contraído matrimonio con un marido impotente, estéril o crónicamente enfermo, puede optar por el recurso del divorcio si considera que la situación es insoportable.

 
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DIVORCIO

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            El Islam permite el divorcio, pero según los hadices, es uno de los actos más abominables ante la vista de Dios. De hecho, el procedimiento del divorcio está diseñado para permitir cualquier oportunidad de reconciliación. Bajo la ley islámica, el divorcio ha de ser pronunciado tres veces con un intervalo de un mes entre cada anuncio. Durante este intervalo, la esposa ha de permanecer en el hogar familiar (a menos que haya cometido adulterio), y se insta a ambos a una reconciliación. Si el divorcio se ultima, se ordena al marido a “despedirla con amabilidad”. Él es el responsable de mantener a sus hijos a nivel económico hasta que sean mayores de edad, así como de su mujer durante un período determinado (iddat) durante el divorcio.

            He aquí algunas razones aceptables para el divorcio en el Islam son:

  • El adulterio. Sin embargo, se requiere el testimonio de cuatro testigos si el acusado lo niega.

 
  • La negativa del marido de mantener económicamente a la familia.

  • La negativa del marido a mantener relaciones conyugales durante más de tres meses.

  • El abuso físico o sexual de la esposa o de los hijos.

  • La incompatibilidad entre los esposos hasta el punto de que sus diferencias no puedan solventarse.

      El divorcio puede ser iniciado tanto por el marido como la mujer. Si el marido inicia el divorcio, que se llama talaq, no debe reclamar ningún regalo entregado a su esposa. Si la mujer desea el divorcio (jula), debe restituir su dote. A ambos, el hombre y la mujer, se les permite contraer matrimonio de nuevo.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN

Holy Qur ’an con comentario. Traducción & Ed. Malik Ghulam Farid. Reino Unido, 1994. Capítulo 4.
Holy Qur’an con comentario. 5 volúmenes. Traduc. & Ed. Malik Ghulam Farid. Reino Unido, 1988. Capítulo 4º.
Gardens of the Righteous. Hadiz (dichos del Santo Profeta). Traducción, Mohammad Zafrulla Khan.
Ahmad, Maulana Sheikh Mubarak. Islam on Marital Rights. Reino Unido.
Baveja Malik Ram. Woman in Islam. Nueva York 1981.Khan, Muhammad Zafrullah. Punishment of Adultery in Islam. Reino Unido.

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PRÁCTICA DEL HIYAB EN LA VIDA DIARIA

 

                 De nuevo, el Islam insiste en la relación entre el cuerpo y el espíritu, ya que cubrirse el cuerpo equivale a tapar el corazón, protegiéndolo de pensamientos impuros.

            El Santo Corán orodena a la mujer llevar vestiduras holgadas y cubrirse los senos con un velo. También, recomienda que se cubra el rostro. Sin embargo, no existe ninguna prenda modelo obligatoria para todas las musulmanas. Como se habrá observado, las mujeres pakistaníes llevan una túnica larga con un velo que les cubre el rostro, conocido como “burqa”, mientras que las mujeres de Oriente Medio llevan velos y vestidos largos.

            Hazrat Jalifatul Masih IV, el Jefe Supremo de la Comunidad Ahmadía, ha establecido normas claras para la observancia del hiyab/pardah para las áhmadis musulmanas de los países occidentales. Recomienda a las mujeres nacidas y criadas en Pakistán que han emigrado a occidente mantener el método del hiyab/pardah que solían utilizar, es decir el burqa con el rostro cubierto. En cuanto a las mujeres que trabajan fuera del hogar, pueden quitarse el hiyab/pardah en su lugar de trabajo, pero deben llevarlo en las demás ocasiones.

 

         Hazur ha definido como “mínimo pardah islámico”  llevar prendas externas holgadas con un velo. El rostro puede permanecer al descubierto, pero sin maquillaje. Esto es adecuado para las nuevas conversas al Islam, pero puede usarlo también quien no pueda llevar el burqa completo. En general, el Islam requiere sencillez a la hora de vestir, manteniendo cubiertos los brazos y las piernas. Las prendas han de ser holgadas, de forma que no queden expuestas las partes del cuerpo, especialmente en público. Una nueva conversa al Islam no debe sentir inseguridad respecto a su modo de vestir siempre que se atenga a las normas islámicas de la modestia.

         La conducta de una mujer musulmana también forma una parte muy importante del pardah. Tanto en el trabajo como entre la familia y amistades, la mujer musulmana debe conducirse con gran decencia y decoro. Es recomendable evitar las charlas vanas con el sexo opuesto, participar en actividades sociales mixtas y estrechar la mano del sexo opuesto.

 
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