Mezquita Basharat de la Comunidad Ahmadía del Islam en Pedro Abad, Córdoba, España

Inicio

48 Yalsa Salana Reino Unido

550.000 se unen el año pasado

Reunión Jóvenes Reino Unido

Jalifa del Islam en Bruselas

Reflexión sobre las caricaturas

Conferencia islámica inter.

Jalifa del Islam en el Capitolio

Una Comunidad, un líder

Más Comunicados de la Comunidad

 

islam y los derechos humanos

Islam y los derechos humanos

 

Resumen de una charla pronunciada por Hazrat Mirza Tahir Ahmad, Jalifa Supremo de la Comunidad Ahmadía del Islam, en Oporto, Portugal)

Si alguien en el mundo de hoy, intenta comprender el cristianismo estudiando el comportamiento de los cristianos del mundo actual, dudo que nunca pueda llegar a comprender lo que es el cristianismo. No deja de sorprenderme, por tanto, que los cristianos de Occidente intenten entender el Islam estudiando el comportamiento de algunos musulmanes de Irán, Libia ó Arabia Saudita. Las gentes del mundo de hoy, aunque estén adscritas a religiones diferentes, pertenecen, de hecho, a la era del materialismo y no a la de la religión. Por eso, sea cual fuere la religión de las personas, el comportamiento de la gente es prácticamente el mismo, independientemente de la zona de la que son originarios.

Por lo tanto, si estudian el Islam, como he mencionado, juzgando el comportamiento de los musulmanes, sin duda llegarán a la conclusión de que es Islam es terrorismo, de que el Islam atenta contra el mutuo entendimiento, que es una religión poco comprensiva, que ordena el uso de la fuerza y la conversión mediante la espada: ésta sería la impresión que percibirían si estudiaran el comportamiento de algunos musulmanes de Irán u otros países.

El Islam tiene que ser comprendido a la luz del Santo Corán y a la luz de su Fundador, la paz de Dios sea con él. He seleccionado unos versículos del Santo Corán sobre este tema, pero como disponemos de poco tiempo intentaré ser breve. He dividido este tema en cuatro capítulos:

  1. La vida social y la sociedad.

  2. La economía.

  3. La política y el Gobierno.

  4. La religión.

Voy a explicarles cómo el Islam menciona específicamente los fundamentos de los derechos humanos en cada uno de estos cuatro capítulos.

Empezando con el tema de la sociedad, el Islam declara categóricamente que cada ser humano debe ser tratado de igual forma, porque no hay ninguna diferencia entre hombres de uno y otro país. Según el Santo Corán, los seres humanos han nacido de la misma línea originaria paterna, tienen padres comunes, y por lo tanto, tienen los mismos derechos tanto si son blancos, negros, amarillos y cobrizos. Hay muchos versículos en el Sagrado Corán que tratan de este tema, pero les voy a leer sólo uno. Es el versículo que dice:

“¡Oh humanidad! Vuestro origen se remonta a una sola alma muy atrás en la historia, pero fuisteis originados de un solo padre. Por lo tanto sois iguales en vuestros derechos, y recordad siempre que debéis temer a Dios en lo que respecta a vuestras relaciones recíprocas.”

Así, el Islam trata del tema de la dignidad humana y declara repetidamente que todos los seres humanos tienen el derecho de ser tratados con dignidad, tanto si son jóvenes o ancianos; todos ellos deben ser tratados con respeto.

El Islam también dice que los niños deben ser tratados con respeto y éste es un factor muy importante que la sociedad moderna ha olvidado y está sufriendo las consecuencias. El Islam da mucha importancia al trato respetuoso de los ancianos, incluso aunque se convirtieran en una carga social. Éstos son sus derechos fundamentales. El Santo Profeta Muhammad (lpbD) dijo en una ocasión que Dios trata con cuidado incluso el pelo canoso de un anciano, y que por lo tanto, vosotros debéis cuidarlos y tratarlos respetuosamente. Si éstas dos enseñanzas del Islam fuesen practicadas por la sociedad moderna, no existirían diferencias entre las distintas generaciones, no habría residencias para los ancianos. La construcción de un hogar y una familia depende en gran medida de estos dos factores.

Según el Islam, cada nación debe tratar a las demás naciones con respeto, y se pone en ello un gran énfasis con el fin de mejorar las relaciones internacionales.

No hace mucho tiempo que en los Estados Unidos y en varios países de Europa se trataba a los negros con menosprecio por el simple hecho de haber nacido de ese color. Las generaciones que así actuaron pensaban que no sufrirían las consecuencias de sus actos, y que escaparían sin pagar por ello. Sin embargo, debéis recordar que toda enseñanza que proceda de Dios, por simple que sea, debe ser seguida, y que si se ignora causará un sufrimiento imposible de eludir.

Las generaciones actuales de América están sufriendo hoy día a causa del mal trato que en el pasado se dieron a los negros. Han dejado heridas profundas en la psique y los sentimientos de la sociedad negra y su reacción se está haciendo sentir de forma evidente en todas las esferas de su vida. Éstos se han hecho violentos, anárquicos … Si observáis los “guettos” de Nueva York os daréis cuenta de lo que quiero decir: un inmenso sufrimiento es originado por el recuerdo del mal trato que los blancos dispensaron a los negros. Por lo tanto, si éstas cosas se ignoran, no se desvanecen u olvidan; al final todos han de dar cuenta de sus actos insensatos.

Según el Islam, incluso los mendigos han de ser respetados. El Islam insiste en el respeto al pobre. Existen dos versículos en el Sagrado Corán que tratan de este aspecto. En el primero de ellos dice: “No os mostréis insensibles en el trato al pobre.” El segundo afirma: “Si no poseéis nada para dar al pobre, decidle por lo menos una palabra amable; ésta será vuestra caridad.”

Igualmente, el Islam considera como derecho fundamental el derecho a la libre asociación. El Santo Corán garantiza el derecho a la libre asociación para todos los seres humanos a condición de que no sirva para crear agrupaciones secretas cuyo objetivo sea actuar con la intención de causar daño a sus semejantes. Por lo tanto, se garantiza el derecho a la libre asociación si el propósito de la misma es bueno y beneficioso.

También es importante señalar que el Santo Corán garantiza a cada individuo el derecho a su vida privada e intimidad, no permitiendo que los demás sean espiados. De igual manera, el Islam otorga a cada individuo el derecho a que nadie pueda declarar nada contra él, sin antes habérselo puesto en su conocimiento. De esta manera se permite que la persona pueda defenderse a sí misma.

Esto parece tratarse de algo simple y sin importancia, pero si estudiáramos el comportamiento de la sociedad de hoy, nos sorprenderíamos al encontrar que la gente se comporta totalmente de forma contraria. Es habitual que hombres y mujeres reunidos hablen en contra de los que no están presentes. Si la persona de la que están hablando entra en la sala, hace que todos se sientan embarazados. Si alguien abandona la sala, suele ser también habitual que los que se quedan comiencen a hablar mal de él también. Muchos de los males sociales en las comunidades del mundo actual han nacido de este hábito.

Por lo tanto, hay que decir que el concepto islámico de los derechos humanos es muy detallado y trata incluso de los pequeños aspectos. En Su conocimiento de la naturaleza humana, Dios nos ha otorgado una enseñanza que cubre todas las facetas de la sociedad.

Ahora voy a tratar el segundo tema que es la economía. Es interesante reseñar que el Islam garantiza cuatro derechos fundamentales para todos los seres humanos en lo que respecta a la economía.

Según el Santo Corán, cada ser humano posee el derecho a ser alimentado, a que le sean suministradas sus necesidades de agua, a poseer un cobijo y disponer de la ropa necesaria. Éstos son los cuatro requerimientos básicos mencionados en el Santo Corán que ni siquiera las filosofías modernas contemplan en su totalidad. Se trata de un punto importante en la economía islámica (no estoy hablando de la economía como tal, sino de los derechos básicos de cada ser humano en relación con la economía). Estos cuatro puntos determinan si una sociedad posee o no el derecho a gozar del lujo y la vida acomodada, pues estos cuatro requerimientos básicos han de ser cubiertos en primer lugar.

El segundo aspecto del tema es que el Islam otorga el derecho a cada individuo a la posesión privada. No se trata de un sistema de libre empresa ni de socialismo científico, sino que se trata de algo a medio camino entre el socialismo y el capitalismo. El Islam, asimismo, establece un criterio claro por el que juzgar si la distribución de bienes ha sido justa o no.

Dicho criterio está recogido en un versículo del Santo Corán que afirma que si en una sociedad hay gente marginada, privada de sus necesidades básicas, o existen mendigos, ello prueba que al menos parte de la posesión del pobre se ha mezclado o ha sido transferida a los bienes del rico. En una sociedad como la nuestra, por ejemplo, donde acabamos de comer, si existieran gentes que se hubieran quedado sin comida, significaría que nos hemos comido también su parte. Por lo tanto, según el criterio islámico, si existen mendigos o gente pobre en la sociedad, cuyas necesidades no han quedado adecuadamente cubiertas, ello implica que los ricos no han preservado, de forma lícita, sus derechos, y que por lo tanto, es responsabilidad del Estado transferir una parte de los bienes del rico al pobre, no como caridad sino satisfaciendo sus derechos. Ésta es la diferencia, que radica en la actitud: no se trata de caridad sino de devolverle al pobre lo que le pertenece. Éste es el criterio que juzga si existe un equilibrio económico en la sociedad.

Se podría aplicar esta situación a este país. Os sorprenderíais de hallar un gran número de pobres en medio de otros más acomodados. Si existen aquí, que no tienen acceso a la comida, el agua, a un cobijo y ropa adecuada, y existiera un Gobierno islámico, el Estado retendría una parte del dinero de la gente acomodada y lo transferiría a los pobres hasta conseguir que las mencionadas necesidades básicas fueran cubiertas. Una vez que fueran cubiertas, el Gobierno no tendría derecho – como lo haría un Gobierno comunista – a seguir demandando por la fuerza el dinero ajeno. En ello radica la diferencia.

Si bien, el Islam otorga a los individuos el derecho a ganar el dinero con libertad, no les concede el derecho a gastarlo como quieran (y no existe en el mundo otra filosofía económica que restrinja el gasto, sino que lo que se restringe es el salario). El Islam dice que si se habla de salarios hay que hablar de gastos. Si el individuo adquiere unas ganancias, se le dice que ha de emplearlas de forma lícita, de manera que mediante un gasto inadecuado no cause sufrimiento y padecimiento a la sociedad en la que vive.

Esto no es más que un ejemplo de los derechos humanos económicos fundamentales en una sociedad. Se trata de conceptos sencillos, que de ser seguidos, la mayoría de los males de las sociedades modernas desaparecerían.

Respecto al Gobierno y la política, el Islam hace 1400 años garantizó el derecho de cada ciudadano a participar en los asuntos de Gobierno e instruyó a la humanidad a que eligiera su Gobierno mediante votos o sufragio universal.

El Santo Corán declara que los votos no deben ir dirigidos a partidos sino a individuos particulares. Debéis escoger siempre a personas de integridad y fuerza moral, y no elegirlas por seguir a un determinado partido. Se trata de un concepto diferente de democracia respecto al que habitualmente se entiende en el mundo moderno. El Islam rechaza todo tipo de dictadura e insiste en que los asuntos de un Estado deben decidirse tras la consulta mutua, a través de un sistema de parlamentos y deliberaciones, donde la voluntad de la gente es tenida en cuenta antes de tomar una decisión concertada.

A continuación el Islam se dirige a los que están en el Gobierno cuando ya han sido elegidos y les dice (a la vez que les advierte seriamente): “A partir de ahora no desempeñéis vuestras responsabilidades de Gobierno considerando quién os votó y quién no os votó, sino que habréis de ejercer vuestras obligaciones desde el punto de vista de justicia absoluta. Una vez que habéis sido elegidos para gobernar, no penséis en quienes os votaron y tratéis de pagarles desde vuestro lugar de poder. El Islam declara que, independientemente de quién os vote, una vez que dispongáis del poder, deberéis trata a todos los ciudadanos con el mismo sentido de la justicia.”

Asimismo, en las relaciones internacionales, el Islam insiste en el arbitraje justo de los conflictos. Dice que aunque un determinado país sea enemigo vuestro, al tratar de resolver disputas internacionales debéis adheriros a los verdaderos valores de la justicia, pues de otra manera, acabaréis en el caos y en el desorden.

Esto parece algo elemental, comprensible y ordinario, pero no es así. Hoy día, a pesar de los grandes avances del hombre moderno, las Naciones Unidas no se asientan en el concepto de justicia absoluta.

Hablaré ahora brevemente del tema de la religión y los derechos humanos fundamentales. El Islam garantiza la plena libertad religiosa, pues el Santo Corán declara: “No ha de existir compulsión ni fuerza a la hora de practicar cualquier religión.”

Por lo tanto, el Santo Corán otorga a cada ser humano el derecho de, incluso, negar a Dios. Ésta es la libertad total de la que el Santo Corán habla. Dice uno de sus versículos:

“En lo que a Dios se refiere, Él no fuerza a nadie ni permite que ningún ser humano fuerce a otro a Su religión. Sois libres para creer o no creer.”

A continuación, el Islam garantiza el derecho de toda persona a que renuncie a su fe. A un cristiano le es permitido hacerse musulmán, y a un musulmán le es permitido hacerse cristiano, si así lo desea. Por lo tanto, lo que se oye hoy día del mundo musulmán es erróneo cuando se afirma que si un musulmán cambia de religión, ha de ser ejecutado. El Islam ciertamente que no lo dice.

El Santo Corán es muy claro en este tema. No existe el castigo por apostasía. El Islam garantiza los mismos derechos a los profetas que a los mendigos.

Algunos musulmanes afirman que predicar el Islam a los demás es bueno, pero que nadie debe predicar las religiones no islámicas en los países musulmanes. Se trata de su propia creencia y no la del Islam o la del Santo Corán. El Santo Corán habla del derecho de los Mensajeros de Dios a difundir su mensaje sin límites. Éste es un derecho fundamental de todos los seres humanos: propagar cualquier mensaje en el que crean a los demás. El Santo Corán incluso afirma que Dios ha garantizado a Satanás, el diablo, el derecho a trabajar en contra de la religión. Éste es el concepto de justicia absoluta del Islam.

Esto ha tomado un cariz interesante en estos días a causa del caso Rushdie, que ha atraído la atención popular en Occidente, habiendo sido ampliamente comentado su caso. El Islam y el Santo Corán hablan claramente de este tema y afirman que no ha de existir castigo para la blasfemia. Cada hombre es libre de blasfemar contra Dios, contra Sus profetas, contra la religión, etc. Se condena a la blasfemia, pero al que blasfema no se le condena a muerte. Esa es la diferencia. Esto es lo que desgraciadamente las sociedades occidentales no han conseguido entender: el Islam no habla en contra de la libertad de expresión como seres humanos adultos, como gente decente y no como gente vulgar. Si se os pide que habléis en público, podéis decir palabras buenas o palabras groseras. El Islam no alienta el mal uso de las cosas buenas. Condena la blasfemia como algo perjudicial; pero no existe ningún castigo prescrito para quienes blasfeman en este mundo.

En otras palabras, el Islam otorga el derecho de expresar lo que se quiera, pero pide que lo hagamos como personas decentes y no digamos palabras dañinas que hieran a los demás. Si alguien pronuncia palabras que dañan a los demás, la sociedad debe condenarlo firmemente mediante el consejo o advertencia adecuados pero no mediante castigo.

El Islam prohibe a los Estados interferir en la religión y tampoco permite a las religiones que utilicen la política e interfieran en los asuntos de Estado para crear desorden. Si la religión y el Estado se mantuvieran separados, el mundo se beneficiaría enormemente de ello. Observando la propia historia podemos ver cómo en épocas pasadas la iglesia y el Estado se interferían mutuamente, causando efectos perniciosos en la sociedad. Monarcas, príncipes y nobles eran desterrados o asesinados por orden de la iglesia. El caos era en muchos casos la consecuencia resultante de esa interferencia. El Islam mantiene separados la religión y el Estado, y otorga a toda persona religiosa el derecho a practicar su religión sin interferencia desde el Estado y a todo político el derecho a trabajar libremente sin interferencia de la religión.

He intentado ser breve para no abusar de su valioso tiempo y he deseado darles una pequeña muestra de las verdaderas enseñanzas islámicas. Creo firmemente que la calidad de vida en la tierra mejoraría enormemente si los seres humanos adecuaran su vida a las enseñanzas del Islam en estos cuatro apartados.

(lpbD) -> La paz y las bendiciones de Dios sean con él.

Volver al índice

 

Comunicados de la Comunidad